jueves, 7 de febrero de 2013

Revocatoria 2

Bueno, ya queda dicho que no pertenezco al cartel de la contratación, pese a mi homonimia, que no pertenezco a la extrema derecha (ahí sí me veo obligado a declararme antiuribista), ni soy un miembro de la oposición gratuita a la izquierda (aunque me declaro opuesto a todo extremo), y no estoy de acuerdo con el grueso de las propuestas del representante que cita la revocatoria, que soy consciente que lo más probable es que la revocatoria sea un desgaste y no lleve a la salida de Petro de la alcaldía, y que lo más probable además es que Petro siga igual o más radical que antes de la misma.

En estas semanas se han publicado varios artículos acerca del tema, algunos de ellos buenos, otros francamente desoladores, por lo que sólo traeré los enlaces del de María Isabel Rueda (¡como se siente uno de mal de estar casi que completamente de acuerdo con ella!), el de Paul Bromberg que es una reflexión seria sobre la revocatoria en sí, y más en detalle sobre el episodio de las basuras, una columna de un personaje más identificado con la izquierda como Mauricio Pombo y un artículo sobre como lo ocurrido en Bogotá con las basuras en 1993 llevó a ¡Gustavo Petro! a pedir la revocatoria del Alcalde de ese entonces por contratar con los privados sin licitación, y llevar a Bogotá a una emergencia sanitaria (¿les suena ligeramente parecido?)

Así que es difícil decir algo novedoso, dado que hay mejores exponentes. Lo que queda es decir porque seguir apoyando a la revocatoria pese al pesimismo que me genera la misma.

En primer lugar no apoyo la revocatoria de Petro por el pasado guerrillero de Petro. Creo que como escribió Mauricio Vargas (en una buena columna, otro de los que suelo no disfrutar) eso en sí mismo no era importante, y que debían ser los resultados de su gestión los que deberían llevar a su evaluación. Pero había elementos en su pasado y presente que fueron claves para que yo considerara no elegir a Petro alcalde, y que en este año de gestión siguen estando ahí para desear que no continúe en el cargo.

En el pasado de Petro podemos vislumbrar (además de lo ya anotado de las basuras y del hecho de haber sido guerrillero) una vocación claramente de izquierda, pero sobre todo un ejercicio claramente politiquero.  A su favor, dentro de semejante lugar común de la política colombiana, parte de esa politiquería, creo yo, parte de un compromiso juicioso con su partido político. Así que condenar a Petro por haber gestionado recursos para Samuel Moreno en Venezuela no es que aporte mucho a la discusión. Pero como él mismo lo admitió, la razón por la que incluyó a Clara López como fórmula vicepresidencial no fue un convencimiento de que fuera lo mejor para el país, ni simplemente porque fuera mujer, ni por su buen desempeño como Secretaria de Gobierno: fue fruto de un acuerdo para preservar el apoyo del Polo en las elecciones, y asegurarse después de las mismas un sitial influyente en el Polo (no le salió). Además, apoyo un hombre que defiende casi todo lo que Petro no representa y que condena casi todo lo que Petro defiende, Alejandro Ordóñez, para obtener el puesto de procurador.

No fue la única conducta "inusual" en él. Cuando Petro se quedó por fuera de la segunda vuelta presidencial aseguró que no le interesaba el cargo de alcalde de Bogotá como premio de consolación, y pocos meses después, dando desarrollo a unas denuncias de Carlos F. Galán, si no me falla la memoria, logró tomar desquite del partido que no le permitió ser su jefe: El Polo. Clara López, y sobre todo, Jorge Robledo siguen pagando el hecho de sostener a Samuel contra todas las evidencias de su ineptitud primero, y de su corrupción después, solo para no darle la razón a Petro.

En fin, conocedor de que no tenía opción de impulsar a alguien a ganar sino era el mismo, se decidió a perseguir la Alcaldía, y el día de su triunfo o de su posesión, ya no recuerdo, afirmó que no quería este cargo. Era imposible construir un programa adecuado así que adaptó lo mejor que pudo su programa nacional y lo hizo capitalino. Y esa es otra razón por la que apoyo su revocatoria: su programa desconoce grandemente la ciudad, está hecho de intenciones nobles pero desconoce los mecanismos, y pareció olvidar que todo tiene un costo y los presupuestos no son ilimitados. En fin, más que ambicioso, o muy ambicioso, era un plan en la práctica, inviable.

La entrada, aunque tardía, va muy larga, así que dejo para otra vez porque el clima de polarización de Petro y la improvisación son los elementos en este año que justifican su revocatoria.

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