"Lo importante no es ganar sino competir"
Pierre de Coubertin.
¿Y cómo le fue en Medellín?
Esa es la pregunta, y la verdad que responderla me resultó más difícil de lo que pensé.
Así que siempre contrapregunto: quiere la respuesta dulce o sin endulzar. La mayoría opta, inicialmente, por la dulce:
- Lupe se llevó los aplausos y el cariño del público.
Sin embargo, al asistir a una competencia deportiva el primer elemento de juicio son los resultados, y los resultados no son dulces: cuatro pistas, cuatro eliminaciones. Así, sin anestesia, sin diplomacia. Pero se quedan afuera demasiados matices, demasiados detalles, que hacen de ese balance una sentencia profundamente injusta, pero incluso más allá, a pesar de ser una afirmación indiscutible, una sentencia falsa.
Así que me devuelvo a diciembre del año pasado, cuando después de mucho intentarlo, de escapársenos por segundos, por una falta inesperada, a veces de forma increíble Lupe se volaba una zona, y de celebrarlo antes, más de una vez para luego darnos cuenta que no lo habíamos logrado, alcanzamos el paso a grado 2. En ese momento pasó algo maravilloso: Lupe, que llegó al agility sin otra intención que la de ganar confianza, que la de divertirse y ayudarnos a divertirnos, obtuvo el derecho a competir en una competencia internacional. Ese ya era un triunfo muy superior al que podríamos haber imaginado alguna vez, sobre todo al terminar la primera clase de agility en la cruz roja y empezar la fundamentación de dar vuelta a un alerón.
Así que fue inscribirse, comenzar a preparar los permisos, el viaje por tierra, pero sobre todo, responder a la pregunta de siempre: cómo lograr que Lupe corriera más, especialmente si en Medellín hace más calor que en Bogotá, y Lupe tolera poco el calor. Una serie de ideas tomadas de todas partes, estimular mucho más el vinculo con Lupe a través del juego, y al principio las ideas de mi esposa venían funcionando de maravilla, cada vez más cerca de la velocidad, con una muy buena primera competencia en grado 2.
Hasta que pasó lo inesperado. Lupe antes de una competencia presentó cojera que aumentó drásticamente a lo largo del día. Se le hizo manejo analgésico y con medios físicos, entre otras cosas, y se recuperó y pudo competir, pero quedamos con la duda de si Lupe estaba bien. Consultamos y un veterinario encontró cambios en el cuello, nos remitió a ortopedia, y me dijo una de las cosas más lapidarias que escuché en la vida:
- Lupe no debe volver a correr y saltar.
Mentiría si digo que casi lloro, porque lloré. El golpe fue durísimo. Me acordé, otra vez, de esas primeras clases de agility en las que yo no creía que fuéramos a competir, y que solo estábamos ahí para divertirnos y ganar confianza para Lupe, que en ese entonces todavía era una perra asustadiza y tímida. Miro a ese momento y me di cuenta que Lupe no se tenía confianza, pero yo tampoco confiaba en ella, ni en lo que podíamos lograr. Y me dolió, me dolió en el alma considerar que ya no volveríamos a hacer agility nunca más.
Pero no, no fue así. Mi esposa me dijo que esperáramos, que continuáramos la recuperación, que consultáramos al ortopedista. La valoración, luego las radiografías nos mostraban que sí había problemas, pero que los hallazgos eran de difícil interpretación ante el hecho de que ignorábamos la edad real de Lupe. Iniciamos el tratamiento farmacológico más la rehabilitación y debo decir que la recuperación fue realmente buena.
Pero el tiempo se agotaba y comenzamos a incrementar el tiempo de entrenamiento para regresar al nivel previo. Y volvimos a competir también. Pero no nos alcanzó el tiempo para hacer toda la "pretemporada" y Lupe no alcanzó su forma, ni alcanzó la velocidad que había desarrollado antes.
Llegó el día. Nos subimos al carro y emprendemos el viaje. Pero no vamos todos. Se quedan Lucas y Diana, y esto ya es algo extraño para Lupe- además del viaje largo, en compañía de Mateo y Rocky, uno muy cercano, el otro, "compañerito de agility"; un viaje raro, en todo caso. después de arrancar sobre las 9 am, llegamos a una ciudad diferente en la tarde, con calor, cansados, sin un ambiente al habitual. Un día muy estresante para Lupe. Y para nosotros también.
Los siguientes días no fueron menos estresantes. Lupe no entendía que era ese correr por las mañanas, llegar al guacal, calentar en pavimento, volver al guacal y salir al mediodía a competir en un ambiente extraño, volver al guacal, salir y caminar a ratos, volver al carro en la noche para ir al hotel y salir una última vez antes de dormir. Todo diferente, todo estresante, nada familiar...
Una competencia deportiva se juzga por los resultados, es verdad. Y cada vez lo hicimos más lento. Se corrieron 4 pistas, en tres nos fuimos MUY por encima del tiempo máximo, en la otra yo saqué un juguete para animarla a correr. Vuelvo a ver los videos y sí, siento tristeza porque sé que Lupe no muestra todo lo que ha logrado, todo lo que la ha llevado a estar en grado 2. Pero al verlos miro a Lupe, cansada, acalorada, y aún así, con tanto público aplaudiéndola, mirarme y seguirme, y batir la cola con gracia y alegría, y recordando que estaba en un clima adverso, en un ambiente extraño, con demasiados elementos estresantes, acabando de salir de una lesión en el hombre no puedo más que experimentar una profunda gratitud.
Sí, gratitud.
De nuevo Lupe es la perra complaciente que sin importar las circunstancias está allí acompañándonos, siguiéndonos, complaciéndonos. Por eso, pese a todo, tal vez la respuesta dulce es quizá la mejor, la más honesta, la correcta.
Porque Lupe es un gran perro, no sólo por su historia, y el público pudo verlo al participar y por eso:
- Lupe se llevó los aplausos y el cariño del público.
Esta es Lupe en el AyC, en sus pistas de agility.
Así que fue inscribirse, comenzar a preparar los permisos, el viaje por tierra, pero sobre todo, responder a la pregunta de siempre: cómo lograr que Lupe corriera más, especialmente si en Medellín hace más calor que en Bogotá, y Lupe tolera poco el calor. Una serie de ideas tomadas de todas partes, estimular mucho más el vinculo con Lupe a través del juego, y al principio las ideas de mi esposa venían funcionando de maravilla, cada vez más cerca de la velocidad, con una muy buena primera competencia en grado 2.
Hasta que pasó lo inesperado. Lupe antes de una competencia presentó cojera que aumentó drásticamente a lo largo del día. Se le hizo manejo analgésico y con medios físicos, entre otras cosas, y se recuperó y pudo competir, pero quedamos con la duda de si Lupe estaba bien. Consultamos y un veterinario encontró cambios en el cuello, nos remitió a ortopedia, y me dijo una de las cosas más lapidarias que escuché en la vida:
- Lupe no debe volver a correr y saltar.
Mentiría si digo que casi lloro, porque lloré. El golpe fue durísimo. Me acordé, otra vez, de esas primeras clases de agility en las que yo no creía que fuéramos a competir, y que solo estábamos ahí para divertirnos y ganar confianza para Lupe, que en ese entonces todavía era una perra asustadiza y tímida. Miro a ese momento y me di cuenta que Lupe no se tenía confianza, pero yo tampoco confiaba en ella, ni en lo que podíamos lograr. Y me dolió, me dolió en el alma considerar que ya no volveríamos a hacer agility nunca más.
Pero no, no fue así. Mi esposa me dijo que esperáramos, que continuáramos la recuperación, que consultáramos al ortopedista. La valoración, luego las radiografías nos mostraban que sí había problemas, pero que los hallazgos eran de difícil interpretación ante el hecho de que ignorábamos la edad real de Lupe. Iniciamos el tratamiento farmacológico más la rehabilitación y debo decir que la recuperación fue realmente buena.
Pero el tiempo se agotaba y comenzamos a incrementar el tiempo de entrenamiento para regresar al nivel previo. Y volvimos a competir también. Pero no nos alcanzó el tiempo para hacer toda la "pretemporada" y Lupe no alcanzó su forma, ni alcanzó la velocidad que había desarrollado antes.
Llegó el día. Nos subimos al carro y emprendemos el viaje. Pero no vamos todos. Se quedan Lucas y Diana, y esto ya es algo extraño para Lupe- además del viaje largo, en compañía de Mateo y Rocky, uno muy cercano, el otro, "compañerito de agility"; un viaje raro, en todo caso. después de arrancar sobre las 9 am, llegamos a una ciudad diferente en la tarde, con calor, cansados, sin un ambiente al habitual. Un día muy estresante para Lupe. Y para nosotros también.
Los siguientes días no fueron menos estresantes. Lupe no entendía que era ese correr por las mañanas, llegar al guacal, calentar en pavimento, volver al guacal y salir al mediodía a competir en un ambiente extraño, volver al guacal, salir y caminar a ratos, volver al carro en la noche para ir al hotel y salir una última vez antes de dormir. Todo diferente, todo estresante, nada familiar...
Una competencia deportiva se juzga por los resultados, es verdad. Y cada vez lo hicimos más lento. Se corrieron 4 pistas, en tres nos fuimos MUY por encima del tiempo máximo, en la otra yo saqué un juguete para animarla a correr. Vuelvo a ver los videos y sí, siento tristeza porque sé que Lupe no muestra todo lo que ha logrado, todo lo que la ha llevado a estar en grado 2. Pero al verlos miro a Lupe, cansada, acalorada, y aún así, con tanto público aplaudiéndola, mirarme y seguirme, y batir la cola con gracia y alegría, y recordando que estaba en un clima adverso, en un ambiente extraño, con demasiados elementos estresantes, acabando de salir de una lesión en el hombre no puedo más que experimentar una profunda gratitud.
Sí, gratitud.
De nuevo Lupe es la perra complaciente que sin importar las circunstancias está allí acompañándonos, siguiéndonos, complaciéndonos. Por eso, pese a todo, tal vez la respuesta dulce es quizá la mejor, la más honesta, la correcta.
Porque Lupe es un gran perro, no sólo por su historia, y el público pudo verlo al participar y por eso:
- Lupe se llevó los aplausos y el cariño del público.
Esta es Lupe en el AyC, en sus pistas de agility.