lunes, 7 de julio de 2014

La camiseta de mi selección...

Son las 10:40 de la mañana del 4 de julio y voy llegando al Outlet de Adidas para ver si puedo conseguir las camisetas para acompañar a la selección, desde la comodidad de mi hogar, en su partido contra Brasil. La tienda es un hervidero, y se aprecia un patrón inusual a comparación de mis asistencias previas: los empleados parecen estar trabajando. En esta tienda el concepto parece ser el de autoservicio, como si las personas no recibieran pago por su trabajo, sino por su indiferencia... Pero el local está lleno, y a menos que uno mida más de 1,90 metros y pese más de 120 Kg que ameriten las tallas extragrandes es casi imposible encontrar la camiseta de una talla adecuada. Voy buscando una camiseta roja para mí, y mi esposa me dijo que cualquiera de las dos le gustaría... después de recorrer el salón de arriba a abajo, y ver que el enjambre de compradores ha abandonado el recinto, encuentro entre las sobras una camiseta amarilla de mi talla, y una camiseta roja que estaba debajo de todas, que era perfecta para mi esposa. Ya casi son las 11:30: pago y salgo del local con la ilusión de no perderme el segundo tiempo de Alemania contra Francia.

Pueden decir que me lo merezco por dejarlo todo para el final, como buen colombiano... También que por subirme de último, colado y sin nada más que hacer, al bus de la victoria... y no podría desconocer el cierto grado de verdad, pero la verdad, por sobre todas las cosas, es que le tenía pereza a la compra de la camiseta.

En primer lugar, porque no es una pereza porque sí, era el precio. Las camisetas de los equipos, de cualquier equipo (hasta la del Pereira en la B) son caras. No costosas, caras. Y se entiende que en realidad uno no está comprando una camiseta hecha de materiales de alta tecnología y demás, que ni así justifican el precio, ni por el diseño, sino porque la camiseta es un símbolo de algo que amamos (los hinchas amamos a nuestros equipos, o mejor lo que representan para nosotros, la camiseta a su vez, un símbolo de un símbolo). Y por esa misma razón aunque existe la opción de comprar una versión pirata, estas tampoco dejan de ser caras. Pagar $ 120.000 por una camiseta chiviada es casi dos veces más robo que pagar por una camiseta original.

En segundo lugar, por el diseño. Colombia se precia de una dichosa identidad, pero su uniforme muestra que tendemos a imitar al que está en el curubito del fútbol. El uniforme titular previo me parecía sobrio y de buen gusto, pero su suplente, desde hace muchos años era la copia del suplente de Brasil: camiseta azul, pantaloneta blanca, y medias blancas. Se cambió a una camiseta amarilla, con pantaloneta blanca y medias blancas, más parecido al de Brasil, que de hecho jugó con esa combinación frente a Chile (que jugó de pataloneta azul), Camerún (que jugó de pantaloneta roja), y Colombia (también de pantaloneta azul), manteniendo la "tradicional" azul frente a Croacia y México, siempre con medias blancas. Además que me recuerda nuestra trauma futbolístico de hace unos años, cuando Brasil era esa maquina que fue España hasta hace dos años: siempre que juegue Argentina, queremos que pierdan, pero siempre que juega Brasil queremos que ganen, así sea contra nosotros... Y ver esa sentencia en contra en el uniforme no satisfacía del todo.

En cuanto al uniforme suplente, después de abandonar el azul, directamente copiado de la selección brasileña, se volvió al rojo, con una bella camiseta que fue criticada por alterar los colores del logotipo de la federación, pero con una combinación que a la distancia parecía la titular del mundial pasado de la selección española. Es decir, sentía que compraba imitaciones de los uniformes de otras selecciones, y no algo completamente propio.

Y en tercer lugar, por que desgraciadamente el uso de camisetas no deja de ser peligroso. Si bien con la camiseta de la selección no debería pasar, porque todos somos hinchas del mismo equipo (y cuando somos de otros equipos, tampoco debería pasar), no olvido que después del partido contra Grecia los transeúntes que iban ataviados de los colores patrios eran los más "integrados" a la celebración, mediante harina, espuma, agua, y ay de que no disfrutaran de la celebración. No me imagino cuantas riñas arrancaron así.

Igual, ni bien llegué a casa no me aguanté las ganas y me puse mi nueva camiseta, que tenía sus peros, que era cara, que no era la roja que yo quería, que era parte de un burdo intento de seguir a la sombra de ese Brasil que íbamos a enfrentar (con vestimentas muy similares a las españolas...), y con ella grité y sufrí, y llevé hasta la exaltación ese partido contra Brasil en el que acabando el segundo tiempo estuvimos cerca de dar un gran golpe y pasar nosotros a las semifinales, y callar a Scolari, y a Mourinho, y a Dios Antonio, y gritar que nosotros podemos estar por encima de nuestros viejos héroes y darnos cuenta que somos capaces de ganar si lo hacemos juntos y en equipo... en fin, esa camiseta es mi camiseta y me ha hecho muy feliz llevarla conmigo, tanto que no quería quitármela para irme a dormir, como si me sintiera de repente desnudo e indefenso, como esa Colombia cuya gran hazaña era empatarle a los grandes sin poder soñar jamás con la victoria...

lunes, 3 de febrero de 2014

2 de marzo

¡Cómo pasa el tiempo! Hace un año escribía acerca de la revocatoria, de la crisis de las basuras, del talante de nuestro querido destituido - restituido alcalde, y de porque la aventura de la revocatoria parecía encaminada al fracaso, pero que aún así, valía la pena avanzar, firmar y esperar que ocurría. No vale la pena reescribirlo de nuevo, se pueden leer las dos entradas aquí y aquí. Sólo rescataría que como muchos predije (lo que no era difícil, la verdad) que: "difícilmente lograremos que el alcalde abandone su cargo. Esa tarea puede terminar siendo del Procurador, pese a la votación previa, a causa de muchas irregularidades cometidas en este primer año, y que el Procurador puede sentirse a paz y salvo con Petro. Si termina siendo justa o no, como están las cosas es bien complicado, y las decisiones de la Procuraduría tienen un sesgo ideológico mucho más fuerte que el respaldo procesal."

Ahora, en un giro un tanto irónico del destino, el alcalde es el principal interesado en que se realice la revocatoria. Pese a los múltiples obstáculos, se logró la recolección del total de las firmas necesarias, que fueran validadas por la registraduría, y después de una ofensiva jurídica importante coordinada directa e indirectamente por la alcaldía, basada en múltiples tutelas interpuestas por muchas personas de manera casi simultánea, que obligó a que Gustavo Petro pudiera tener acceso a la lista de firmantes y revisarlas con su equipo, lista que salió de la Registraduría evocando (esperamos que sin ninguna consecuencia) a la lista negra del chavismo, sigo, después de esta ofensiva se convocó a revocatoria el día 2 de marzo.

Antes de tener esta fecha, ocurrió un evento catastrófico: el Procurador, haciendo gala de su omnímodo (u omnígodo) poder, no sólo destituyó fulminantemente a Gustavo Petro sino que de manera incomprensible lo inhabilitó por 15 años. Es bueno recordar que a Samuel lo suspendió por un año por no vigilar las obras contratadas de la malla vial, y que como no podía cumplir la sanción quedó inhabilitado, pero sólo hasta mayo de 2012. Por los procesos de corrupción acaecidos en su alcaldía no hay una condena penal, ni tampoco, una condena disciplinaria por este motivo.

El Procurador con su decisión, claramente con un sesgo ideológico, logró un fenómeno interesante: Petro fungió de Lázaro político, y micrófono en mano y en el balcón, enhebró varias manifestaciones multitudinarias, con un discurso populista, incoherente, megalómano, pero extraordinariamente efectivo, y después de bloquear por todos los medios disponibles la revocatoria, la abrazó diciendo que era para refrendar la paz en Colombia y rechazar el fallo del procurador. El verbo encendido, y su imagen a volar.

Discrepo con Petro. La revocatoria no surgió con esa finalidad, y no la voy a votar con esa finalidad: es para determinar si un alcalde fue bueno o malo y puede terminar su mandato. Petro no se comporta diferente del procurador, y me temo que si los cargos estuvieran invertidos el asunto no sería muy diferente: Petro, un arbitrario, ataca al procurador por arbitrario. Petro acusa al procurador de clientelista, cuando él mismo pactó de forma clientelista con el Procurador. Petro, a última hora se monta en el bus de la revocatoria para salvar la democracia, pero para ello desvirtúa esta figura democrática, y no hace nada diferente a lo que el Procurador hace con su cargo.

Estoy seguro que en la alcaldía de Petro hay políticas con un buen resultado, y Petro sostiene, no sin razón, que los medios han sido particularmente inquisidores con él. Sin embargo, tiende a tomar todo el mérito para sí, y no reconocer el aporte de los demás. La cifra de homicidios se ha reducido en Bogotá merced no sólo a la política de desarme sino al funcionamiento del plan cuadrantes. La continuidad de las estrategias de vigilancia de la SDS han permitido mejoras, amén con la intensificación de otras intervenciones, que venían de tiempo atrás, pero que nos venden ahora como algo inexistente antes del 1 de enero de 2012. Y así. Lo mismo que pasó con las basuras: no es claro que de verdad exista un nuevo modelo, no se entiende porque los privados en 2013 reciben sólo un 7 a 10% menos que en 2012, si perdieron por lo menos el 40% de la operación, entre otras dudas que me quedan.

Este 2 de marzo soy consciente que desde el punto de vista netamente pragmático a Petro le conviene que no se alcance el umbral, para continuar en el cargo: total, las tutelas legales que ilegítimamente causan una obstrucción a la justicia, han dado fallos para mantenerlo hasta el final de su periodo. Políticamente, pasar el umbral y mantenerse en el cargo refrendaría su mandato, le daría una legitimidad aún mayor, dado que Petro fue elegido con una votación baja, pero suficiente, pero que en vez de llevarlo a acercarse a todos los bogotanos, lo llevó a confrontar a los que no votamos por él, y dividir a Bogotá innecesariamente.

Pero desde mi punto de vista, dado el tipo de personaje que es el Procurador, y el tipo de personaje que es el mismo Gustavo Petro, si se supera el umbral y Petro es revocado, los bogotanos que elegimos a Mockus por su propuesta, que creemos que votamos con independencia, habremos respaldado de verdad a la democracia, evadiendo los intentos de la alcaldía de cambiar el sentido originario de la revocatoria. Votar a favor de la permanencia de Petro porque se lo considera un buen alcalde también lo es, pero desafortunadamente, nuestro alcalde dirá que es un voto en contra del Procurador, lo cual, irónicamente, es un reconocimiento tácito de que ni Petro mismo piensa que sul alcaldía ha sido buena. Salir a votar es lo que podemos hacer, y por eso este dos de marzo, vote de acuerdo a su conciencia, que yo haré lo mismo.