La entrada da más para un melodrama, que para una reflexión. Vivimos la semana más loca e impredecible en Colombia, y Colombia se precia de ser loca e impredecible. Todo empezó con el plebiscidio, en el que le preguntaron a Colombia, como si se tratara de un reality, si estaba dispuesta hacer la paz con las Farc en ciertos términos. Después de elegir a Jaider Villa, Colombia eligió el no. Y saltamos todos entre el desconcierto, el desconsuelo a buscar culpables, a rasgarnos las vestiduras, y a culpar a medio mundo por la derrota. Eso incluyo a Santos, por atreverse a preguntarle al pueblo qué era lo que quería.
En resumen: malo si sí, malo si no, ¡ni preguntes!.
Pero la elección del "no" fue todavía más complicada porque una de las bases de la campaña del sí implicaba que elegir el no implicaba elegir la guerra. Y sí, Jaider Villa no vino a hacer amigos pero ya decir que volvamos a matarnos, a la guerra, tampoco. Así que, "los del no" mostrando una confianza absoluta e impresionante en sí mismos dijeron que la paz sí, pero no así, que renegociando.
Así que OK perdón, yo no quise lastimarte, simplemente te dije que no.
El aire de paz y reconciliación no primo mucho. Todos en medio de la amargura, algunos culpando a todos, incapaces de dialogar en paz. Siempre citamos a Jaime Garzón como profeta desde el humor, pero fue Ordóñez (José, pastor protestante, no Alejandro, monseñor católico antes de cristo) el que hizo la profecía hace 20 años:
En la semana más loca que hemos vivido pasó de todo: Los que exigían ser escuchados no van a la reunión, y sus primeras propuestas son tomadas de la ya acordado, los jóvenes de todas las opciones (sí, no, los que no votaron) marcharon sin distinciones partidistas exigiendo llegar a un acuerdo, el gerente de la campaña uribista del No explica cómo hicieron campaña (sucia, mentirosa, lo cuál ya se sabía, pero con la "confesión" tomó aire de delito) y el viernes con la designación del Nobel para Santos no sabíamos si reír, llorar o qué hacer.
No más musidrama.
Ordóñez desde el humor nos retrata como pueblo, así como lo hizo el plebiscito, como lo hicieron las campañas del sí o del no, como lo han hecho académicos de distintas disciplinas. Somos un país violento, un país que hizo de la protesta armada su mejor escenario de, nunca mejor dicho, de lucha. Desde antes de la conquista éramos un grupo de pueblos que por múltiples razones peleábamos entre sí, no nos pusimos de acuerdo por la independencia, y nunca estuvimos unidos como nación, islas en medio de montañas, cada una buscando su propio destino. Por eso, una vez libre de aquello que nos unía, España, pero que a la vez no nos representaba nada, seguimos siendo islas, ciudades y territorios estado buscando prevalecer sobre los otros, y no un sólo pueblo, una sola nación. Nos inventamos el concepto de patria boba, injusto y desobligante, sólo para hacerlo nuestro mantra y nuestro guión para el futuro.
La victoria del sí tenía un derrotero claro, porque se esperaba que votamos así porque buscábamos y entendíamos más o menos lo mismo, una nación con un objetivo en común, por fin un mito fundacional, no la derrota y destrucción de las Farc pero sí la paz con ellas, que nos revélase nuestra naturaleza. Por eso el "no" nos mandó a la lona, y la cuenta progresa lenta hacia el 10, mientras nos desaturdimos, entendemos, nos sacudimos y vamos a ver si nos levantamos. Los vencedores y los vencidos afirmamos buscar la paz, pero esa palabra es tan vacía y complicada que seguimos groggy sin saber como resistir hasta el fin del round.
Para el no la victoria no fue fácil, porque además de inesperada, nadie sabía bien que significaba. desde el sí la derrota del no era dolorosamente clara: la finalización del proceso de paz, el terminar el cese al fuego bilateral, el "devólverles" las armas a las Farc, el volver a negar el ser humano, el compatriota, para verlo sólo como el enemigo. Pero, el no era un grupo disímil, conformado por diferentes bastiones, muchas de ellas sin un líder ni una doctrina. Para unos el no era renegociar todo el acuerdo, para otros unas pocas cosas, y para otros, el regreso a la guerra contra unas Farc ya vencidas. Muchos votaron por el "no" convencidos de la victoria del "sí" y también se encontraron con el guayabo de la incertidumbre.
Las Farc y el gobierno dejaron en claro que seguirán sentados, que el gobierno negociará con ellas y con el no, y que hará ajustes al acuerdo. Las caras visibles del no buscan cosas distintas y por eso es bueno entenderlo. Se acusa a las iglesias cristianas de ir por el "no" por la llamada aunque inexistente ideología de género, que no está en los acuerdos, al haberse confundido con el enfoque de género, que es otra cosa. Eso es un tanto injusto como peligroso. Se dice que aportaron 4 millones de votos, dos de ellos por el no. Es decir, votaron tan divididos como el resto, y sin ellos, ¿habría alcanzado el sí el umbral? Además, no todas las iglesias son iguales y si bien existe una enomre cantidad de megaempresas de la fe, otras no lo son. Los llamados de Viviane Morales con su inaceptable referendo y ahora del no fue para medir fuerzas y ganaron, y más que descarrilar el no, esa demostración de fuerza tienen que ver más con la reforma tributaria, un mensaje para el que se meta con ellos y vote contra sus intereses. Esta columna es interesante y permite ver una fracción de la imagen total
Uribe ya mostr´sus cartas y no voya discutirlas muchas, Pastrana ya habló que el gobierno le respondió con beligerancia a su ramo de olivo; curioso Pastrana sufrió en su presidencia porque concedió beligerancia a las Farc, y ahora sale con estas, y Marta Lucía ramírez pinta como la más sensata de las opositoras, con propuestas que deben discutirse. jaime castro, que desde el conocimiento académico del derecho se opuso, bien gracias, la prensa no lo hace sonar ni tronar, pese a que fue una de las caras decentes que inclinaron la balanza.
Quedamos obligados a negociar con los del no, para salvar el acuerdo. Si hubiésemos ganado, ¿lo habríamos hecho? no lo creo, la división seguiría y quizá peor. Miren como insultan (insultamos) a los que votaron por el no, igual que antes de la votación, llamándolos tontos, ignorantes, estúpidos, y también diciéndoles que deberían sentirse sucios y usados. Seguimos atrapados en el dos de octubre, sin poder mover nuestro destino, presos del rencor y del odio que le achacamos a los del no, y usando una palabra para referirnos a nosotros mismos: derrotados injustamente. Como en el fútbol, (lo más cercano a nuestro proyecto de nación sigue siendo la selección, Camus nos apoya), ganamos, pero perdieron, si perdimos (nosotros, no ellos) no fue nuestra culpa, o fue el arbitro, o fue la lluvia, o sí era gol de Yepes (que no lo fue) y un largo etcétera.
Aquí decía yo:
"El acuerdo es para terminar el conflicto, pero la paz, una paz estable y duradera, la paz tiene que construirse y tenemos que construirla todos.
Votar sí o no, es un paso, una elección más, pero lo crucial viene después y llévamos siglos posponiéndolo. Tal vez si amerite hacer un festivo de ese día, pero no por el acuerdo, sino por el nacimiento de una cultura de la reconciliación, de superar la violencia como argumento y como forma de lucha, y de crecer por primera vez como nación con un objetivo que no sea exterminar a una parte de nosotros mismos. De reconocernos en el enemigo, y perdonarnos, y vernos como humanos de ahí en adelante y para siempre"
Lo sigo creyendo. Lo sigo pensando. Por eso no soy del sí, ya no, porque eso debe quedar en el pasado. Soy de Colombia, y quiero la paz, y es necesario trabajarla entre todos, empezando por romper esa estupidez de los bandos del sí y del no. Eso implica no insultar a quien haya votado por una opción u otra. Pero ojo, eso no implica renunciar a desmontar los argumentos que algunos dirigentes usaron para pelear por su causa, con lógica, con humor si es necesario, y a dejar en evidencia sus intereses profundos y verdaderos, mezquinos y demás. Decía Les Luthiers que el Doctor Ortega (podríamos decir Ordóñez, Uribe, hasta Santos, todos) supo sobreponer sobre los sucios intereses partidistas los sublimes intereses personales. Eso hay que denunciarlo, sin insultar al que opino diferente, al que votó por el no, al que no pudo, quiso, se atrevió a votar.
Y como decía Pacífico cabrera: "La paz sea con vusté, Colombia"