jueves, 15 de diciembre de 2016

Acto de fe.

Si algo recuerdo de décimo semestre de Medicina es que es uno de los semestres más raros de la carrera, tiene más materias que los semestres previos, no tantas como en básicas, está partido en dos, y un viernes en noviembre eres un estudiante terminando materias y al siguiente lunes un flamante médico interno. La mitad del semestre era ginecología y obstetricia, y la otra mitad un popurrí de materias, importantes, lo entiende uno ahora, pero que en ese momento no lucen así.

Entre esas materias estaba medicina legal. El Instituto de Medicina Legal ya lo conocíamos desde quinto semestre, en esa época sin el parque Tercer Milenio, pero la rotación de décimo era clave porque después del internado viene el rural, y en el rural hay que hacer autopsias médico legales que son un coco completo. Aparte, veíamos también la parte de incapacidad médico legal, peritajes por lesiones personales y los tenebrosos de ataque sexual. Es decir, aprender a ver y reconocer lo que puede ser útil para hacer justicia dentro de la ley.

Lo recuerdo porque en la charla introductoria nos enseñaban a interpretar los hallazgos de la necropsia en relación con toda la información disponible, especialmente la historia clínica, y la charla estaba salpicada de anécdotas. Una anécdota viene a colación por el lamentable caso de Dora Gálvez. Nos contaron de un robo a un taxista en el cartucho por un habitante de la calle, con una respuesta violenta del taxista, cruceta en mano, que mandó al hospital a éste. Después de una evolución tórpida el hombre muere, y por ser muerte violenta, el cadáver y la historia clínica se mandan a medicina legal. El oficio, nos decía el legista, era para indignarse: que basados en historia clínica hacer reconocimiento de lesiones personales para el taxista, y de homicidio para el cuerpo médico de la institución. Remataba la anécdota recordando que si bien él llegó vivo al hospital, la responsabilidad de la muerte no recae en quienes lo atendieron.

Dora pudo tener un aneurisma, de hecho se afirma que eso se supo antemortem, y también que esa sea la causa directa de la muerte. Pero esa historia clínica inicial, las lesiones descritas, además del protocolo de ataque sexual que busca asegurar la atención en salud y la recolección de pruebas, ¿son compatibles con que no hubo un ataque sexual, que había sido descrito con una sevicia tal que llevó a quemar a Dora y empalarla?

¿Fue en décimo, fue en el internado ésta charla? La memoria me traiciona pero eso no es tan importante. En la formación lo que cuenta de las anécdotas suele ser su moraleja, no tanto los detalles.

La credibilidad de Medicina Legal no está para actos de fe.

jueves, 24 de noviembre de 2016

La carne es débil (borrador)



La carne es débil,
Y sangra, y se pudre, y se duele,
Al contacto con la metralla,
Con las balas,
Con las hojas de acero, y de hojalata.

La carne es débil,
Pero el espíritu es fuerte y sigue avanzando,
Fe en la causa gritan unos,
Viva la revolución, contestan otros,
Y la carne sangra, y se pudre, y se duele.

Asqueados de la muerte, cansados de las balas,
De las palabras sin sentido,
De las esperanzas mutiladas,
Condecorada la piel con cicatrices,
Desde el dolor y la fatiga
Firman la paz para parar el espanto.

Decid que no, alientan los señores de la muerte,
Pero también aquellos que lo han perdido todo,
Los incrédulos con heridas abiertas,
Los escépticos en las promesas,
Los que no conocieron otro destino,
Los que ya no sueñan sin rasgar el silencio de la noche.

Decid que no, gritan los señores de la guerra,
El espíritu es fuerte y requiere sacrificios,
Un campesino, una mujer pobre,
Un niño que juega en el campo,
Purificad sus almas en el fuego,
Que la carne es débil,
Y sangra, y se pudre, y se duele.

Pero la sangre hizo fértil los terrenos áridos
El cansancio de los pies germinó en alas,
Las lágrimas regaron el deseo
Y la esperanza,
Y sí, la carne es débil,
Pero el odio, los odios heredados,
Dañan el alma,
Que se pudre, que se duele.
Y que sangra.

Emrio Marco
24/11/2015 (borrador)

miércoles, 12 de octubre de 2016

No soy del sí

La entrada da más para un melodrama, que para una reflexión. Vivimos la semana más loca e impredecible en Colombia, y Colombia se precia de ser loca e impredecible. Todo empezó con el plebiscidio, en el que le preguntaron a Colombia, como si se tratara de un reality, si estaba dispuesta hacer la paz con las Farc en ciertos términos. Después de elegir a Jaider Villa, Colombia eligió el no. Y saltamos todos entre el desconcierto, el desconsuelo a buscar culpables, a rasgarnos las vestiduras, y a culpar a medio mundo por la derrota. Eso incluyo a Santos, por atreverse a preguntarle al pueblo qué era lo que quería.

En resumen: malo si sí, malo si no, ¡ni preguntes!.



Pero la elección del "no" fue todavía más complicada porque una de las bases de la campaña del sí implicaba que elegir el no implicaba elegir la guerra. Y sí, Jaider Villa no vino a hacer amigos pero ya decir que volvamos a matarnos, a la guerra, tampoco. Así que, "los del no" mostrando una confianza absoluta e impresionante en sí mismos dijeron que la paz sí, pero no así, que renegociando. 

Así que OK perdón, yo no quise lastimarte, simplemente te dije que no.


El aire de paz y reconciliación no primo mucho. Todos en medio de la amargura, algunos culpando a todos, incapaces de dialogar en paz. Siempre citamos a Jaime Garzón como profeta desde el humor, pero fue Ordóñez (José, pastor protestante, no Alejandro, monseñor católico antes de cristo) el que hizo la profecía hace 20 años:



En la semana más loca que hemos vivido pasó de todo: Los que exigían ser escuchados no van a la reunión, y sus primeras propuestas son tomadas de la ya acordado, los jóvenes de todas las opciones (sí, no, los que no votaron) marcharon sin distinciones partidistas exigiendo llegar a un acuerdo, el gerente de la campaña uribista del No explica cómo hicieron campaña (sucia, mentirosa, lo cuál ya se sabía, pero con la "confesión" tomó aire de delito) y el viernes con la designación del Nobel para Santos no sabíamos si reír, llorar o qué hacer.

No más musidrama.

Ordóñez desde el humor nos retrata como pueblo, así como lo hizo el plebiscito, como lo hicieron las campañas del sí o del no, como lo han hecho académicos de distintas disciplinas. Somos un país violento, un país que hizo de la protesta armada su mejor escenario de, nunca mejor dicho, de lucha. Desde antes de la conquista éramos un grupo de pueblos que por múltiples razones peleábamos entre sí, no nos pusimos de acuerdo por la independencia, y nunca estuvimos unidos como nación, islas en medio de montañas, cada una buscando su propio destino. Por eso, una vez libre de aquello que nos unía, España, pero que a la vez no nos representaba nada, seguimos siendo islas, ciudades y territorios estado buscando prevalecer sobre los otros, y no un sólo pueblo, una sola nación. Nos inventamos el concepto de patria boba, injusto y desobligante, sólo para hacerlo nuestro mantra y nuestro guión para el futuro.

La victoria del sí tenía un derrotero claro, porque se esperaba que votamos así porque buscábamos y entendíamos más o menos lo mismo, una nación con un objetivo en común, por fin un mito fundacional, no la derrota y destrucción de las Farc pero sí la paz con ellas, que nos revélase nuestra naturaleza. Por eso el "no" nos mandó a la lona, y la cuenta progresa lenta hacia el 10, mientras nos desaturdimos, entendemos, nos sacudimos y vamos a ver si nos levantamos. Los vencedores y los vencidos afirmamos buscar la paz, pero esa palabra es tan vacía y complicada que seguimos groggy sin saber como resistir hasta el fin del round.

Para el no la victoria no fue fácil, porque además de inesperada, nadie sabía bien que significaba. desde el sí la derrota del no era dolorosamente clara: la finalización del proceso de paz, el terminar el cese al fuego bilateral, el "devólverles" las armas a las Farc, el volver a negar el ser humano, el compatriota, para verlo sólo como el enemigo. Pero, el no era un grupo disímil, conformado por diferentes bastiones, muchas de ellas sin un líder ni una doctrina. Para unos el no era renegociar todo el acuerdo, para otros unas pocas cosas, y para otros, el regreso a la guerra contra unas Farc ya vencidas. Muchos votaron por el "no" convencidos de la victoria del "sí" y también se encontraron con el guayabo de la incertidumbre.

Las Farc y el gobierno dejaron en claro que seguirán sentados, que el gobierno negociará con ellas y con el no, y que hará ajustes al acuerdo. Las caras visibles del no buscan cosas distintas y por eso es bueno entenderlo. Se acusa a las iglesias cristianas de ir por el "no" por la llamada aunque inexistente ideología de género, que no está en los acuerdos, al haberse confundido con el enfoque de género, que es otra cosa. Eso es un tanto injusto como peligroso. Se dice que aportaron 4 millones de votos, dos de ellos por el no. Es decir, votaron tan divididos como el resto, y sin ellos, ¿habría alcanzado el sí el umbral? Además, no todas las iglesias son iguales y si bien existe una enomre cantidad de megaempresas de la fe, otras no lo son. Los llamados de Viviane Morales con su inaceptable referendo y ahora del no fue para medir fuerzas y ganaron, y más que descarrilar el no, esa demostración de fuerza tienen que ver más con la reforma tributaria, un mensaje para el que se meta con ellos y vote contra sus intereses. Esta columna es interesante y permite ver una fracción de la imagen total

Uribe ya mostr´sus cartas y no voya discutirlas muchas, Pastrana ya habló que el gobierno le respondió con beligerancia a su ramo de olivo; curioso Pastrana sufrió en su presidencia porque concedió beligerancia a las Farc, y ahora sale con estas, y Marta Lucía ramírez pinta como la más sensata de las opositoras, con propuestas que deben discutirse. jaime castro, que desde el conocimiento académico del derecho se opuso, bien gracias, la prensa no lo hace sonar ni tronar, pese a que fue una de las caras decentes que inclinaron la balanza.

Quedamos obligados a negociar con los del no, para salvar el acuerdo. Si hubiésemos ganado, ¿lo habríamos hecho? no lo creo, la división seguiría y quizá peor. Miren como insultan (insultamos) a los que votaron por el no, igual que antes de la votación, llamándolos tontos, ignorantes, estúpidos, y también diciéndoles que deberían sentirse sucios y usados. Seguimos atrapados en el dos de octubre, sin poder mover nuestro destino, presos del rencor y del odio que le achacamos a los del no, y usando una palabra para referirnos a nosotros mismos: derrotados injustamente. Como en el fútbol, (lo más cercano a nuestro proyecto de nación sigue siendo la selección, Camus nos apoya), ganamos, pero perdieron, si perdimos (nosotros, no ellos) no fue nuestra culpa, o fue el arbitro, o fue la lluvia, o sí era gol de Yepes (que no lo fue) y un largo etcétera.

Aquí decía yo:
"El acuerdo es para terminar el conflicto, pero la paz, una paz estable y duradera, la paz tiene que construirse y tenemos que construirla todos.
Votar sí o no, es un paso, una elección más, pero lo crucial viene después y llévamos siglos posponiéndolo. Tal vez si amerite hacer un festivo de ese día, pero no por el acuerdo, sino por el nacimiento de una cultura de la reconciliación, de superar la violencia como argumento y como forma de lucha, y de crecer por primera vez como nación con un objetivo que no sea exterminar a una parte de nosotros mismos. De reconocernos en el enemigo, y perdonarnos, y vernos como humanos de ahí en adelante y para siempre" 
Lo sigo creyendo. Lo sigo pensando. Por eso no soy del sí, ya no, porque eso debe quedar en el pasado. Soy de Colombia, y quiero la paz, y es necesario trabajarla entre todos, empezando por romper esa estupidez de los bandos del sí y del no. Eso implica no insultar a quien haya votado por una opción u otra. Pero ojo, eso no implica renunciar a desmontar los argumentos que algunos dirigentes usaron para pelear por su causa, con lógica, con humor si es necesario, y a dejar en evidencia sus intereses profundos y verdaderos, mezquinos y demás. Decía Les Luthiers que el Doctor Ortega (podríamos decir Ordóñez, Uribe, hasta Santos, todos) supo sobreponer sobre los sucios intereses partidistas los sublimes intereses personales. Eso hay que denunciarlo, sin insultar al que opino diferente, al que votó por el no, al que no pudo, quiso, se atrevió a votar.

Y como decía Pacífico cabrera: "La paz sea con vusté, Colombia"

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Adiós a las armas

Quizá la primera mención a la guerra que yo recuerdo ocurrió cuando estaba cursando segundo de primaria. Estábamos en clase de historia (abro paréntesis: sé que eso significa que la vi hace mucho tiempo porque ya no hay un programa de historia patria, según he oído varias veces. Pasé el bachillerato y sobre todo, una buena parte de la vida adulta aprendiendo que mucho, muchísimo de lo que se aprende de historia en la primaria es mentira. Digamos que la historia patria de la primaria es el programa electoral mentiroso del país para hacernos buenos y orgullosos ciudadanos, cierro paréntesis) y nos comentaron que las batallas por la independencia, la guerra de independencia, duraron al menos entre 1816 y 1819. Yo me sorprendí, y pregunté que como hacían para dormir, que como una guerra podía durar tanto, seguramente confundiendo un enfrentamiento con toda una guerra. La respuesta de mi profesora fue tajante: así como llevamos 20 años en guerra, así mismo.

Me enteré de esa manera de que vivíamos en guerra. Desde ese entonces mi aproximación con la guerra que se libró en Colombia, bueno, la guerra que los observadores internacionales saben que no ocurrió en Colombia de acuerdo a Álvaro Uribe, ha tenido muchas aristas, desde la óptica de los noticieros, los libros de historia con sus escasas menciones al tema, así como todo lo que sonara a a historia contemporánea, y después la prensa, como las conversaciones con mis papás y que mis papás sostenpian con otras personas. Sin embargo, la guerra con las Farc estaba eclipsada con mucha fuerza por una guerra más cercana y tenebrosa por esa misma razón: la guerra entre y contra los carteles de la droga. De esa guerra si tengo recuerdos de víctimas, del miedo, de levantarme una mañana con todos comentando que en un puente vehicular cercano habían desactivado una bomba. Esa fue la guerra que nos azotó a todos en las ciudades y que más me dejó marcas a mí en particular.

Ya en el rural, en La Dorada, la guerra fue más palpable. Vivir en un municipio con claro dominio para militar tenía la ventaja de que no habían combates en esa área, pero los vecinos cercanos estaban bajo el dominio de las Farc, y habían enfrentamientos. Además, en las remisiones a Manizales había que pasar a zonas bajo el dominio de las Farc, y en la noche no se estaba nada tranquilo. En una ocasión una ambulancia del hospital, público, fue desviada al monte por las Farc, y después de mucho suplicar los dejaron volver a todos: exigían que la enfermera se quedara a servir a la causa. No es que estuviéramos muy tranquilos en ese entonces.

Ya de regreso a Bogotá y ya en la etapa de especialista no vi tantas "víctimas" como en el rural sino "combatientes": soldados con secuelas infecciosas dolorosas de la guerra, por el entrenamiento, por los combates, por las minas. Ahora bien, una vez acabemos con las minas el principal enemigo de los soldados de Colombia, desde mi sesgo particular son las motos, que mano de osteomielitis por fracturas complejas las que veo asociadas a estas armas rodantes de alta energía. Todos jóvenes, todos con la vida cambiada, o perdida, al fragor de una guerra cuyas raíces se perdían tan en lo profundo que no nos dejaba ver que muchas veces se buscaban cosas parecidas, y que los combatientes, en muchas ocasiones, estaban de un lado o de otro, no por convicción, sino por azar.

Me acuerdo mucho de un poema, no recuerdo de quién, en la que se preguntaba que pasaría el día que nos viéramos reflejados en los ojos del enemigo, para descubrir con horror, que somos tan parecidos. El enemigo, ese engendro que no es humano, que puede ser odiado, que puede ser destruido sin remordimiento, que no puede jamás ser perdonado. El enemigo ha dejado de serlo, pero, ¿podremos sobrevivir a la revelación  de que el enemigo se parece a nosotros más de lo que quisiéramos, que actuó obligado, o con la convicción de que hacía lo correcto? No lo sé, pero esa es la tarea que nos queda a nosotros.

En lecturas del Espectador de hace décadas hacían un recuento por las guerras en Colombia, una detrás de otra, en sucesión, luchadas por los buenos contra los malos, todas fratricidas, todas dementes, todas sin un fin glorioso, todas por poder. Sólo contra Perú luchamos unidos, con un resultado que de manera optimista podemos llamar victoria pírrica. Esos somos nosotros, y de eso las Farc tienen tanta culpa como nosotros, o tal vez, son tan resultado ellas mismas como nosotros, y por eso es interesante la pregunta que planteó Santos, casi que programándonos para entender la tarea que se viene: El acuerdo es para terminar el conflicto, pero la paz, una paz estable y duradera, la paz tiene que construirse y tenemos que construirla todos.

Votar sí o no, es un paso, una elección más, pero lo crucial viene después y llévamos siglos posponiéndolo. Tal vez si amerite hacer un festivo de ese día, pero no por el acuerdo, sino por el nacimiento de una cultura de la reconciliación, de superar la violencia como argumento y como forma de lucha, y de crecer por primera vez como nación con un objetivo que no sea exterminar a una parte de nosotros mismos. De reconocernos en el enemigo, y perdonarnos, y vernos como humanos de ahí en adelante y para siempre.

Que la paz esté con nosotros.

lunes, 25 de abril de 2016

El aplauso y el cariño del público

"Lo importante no es ganar sino competir"
Pierre de Coubertin.

¿Y cómo le fue en Medellín?

Esa es la pregunta, y la verdad que responderla me resultó más difícil de lo que pensé.

Así que siempre contrapregunto: quiere la respuesta dulce o sin endulzar. La mayoría opta, inicialmente, por la dulce:

- Lupe se llevó los aplausos y el cariño del público.

Sin embargo, al asistir a una competencia deportiva el primer elemento de juicio son los resultados, y los resultados no son dulces: cuatro pistas, cuatro eliminaciones. Así, sin anestesia, sin diplomacia. Pero se quedan afuera demasiados matices, demasiados detalles, que hacen de ese balance una sentencia profundamente injusta, pero incluso más allá, a pesar de ser una afirmación indiscutible, una sentencia falsa.

Así que me devuelvo a diciembre del año pasado, cuando después de mucho intentarlo, de escapársenos por segundos, por una falta inesperada, a veces de forma increíble Lupe se volaba una zona, y de celebrarlo antes, más de una vez para luego darnos cuenta que no lo habíamos logrado, alcanzamos el paso a grado 2. En ese momento pasó algo maravilloso: Lupe, que llegó al agility sin otra intención que la de ganar confianza, que la de divertirse y ayudarnos a divertirnos, obtuvo el derecho a competir en una competencia internacional. Ese ya era un triunfo muy superior al que podríamos haber imaginado alguna vez, sobre todo al terminar la primera clase de agility en la cruz roja y empezar la fundamentación de dar vuelta a un alerón.

Así que fue inscribirse, comenzar a preparar los permisos, el viaje por tierra, pero sobre todo, responder a la pregunta de siempre: cómo lograr que Lupe corriera más, especialmente si en Medellín hace más calor que en Bogotá, y Lupe tolera poco el calor. Una serie de ideas tomadas de todas partes, estimular mucho más el vinculo con Lupe a través del juego, y al principio las ideas de mi esposa venían funcionando de maravilla, cada vez más cerca de la velocidad, con una muy buena primera competencia en grado 2.

Hasta que pasó lo inesperado. Lupe antes de una competencia presentó cojera que aumentó drásticamente a lo largo del día. Se le hizo manejo analgésico y con medios físicos, entre otras cosas, y se recuperó y pudo competir, pero quedamos con la duda de si Lupe estaba bien. Consultamos y un veterinario encontró cambios en el cuello, nos remitió a ortopedia, y me dijo una de las cosas más lapidarias que escuché en la vida:

- Lupe no debe volver a correr y saltar.

Mentiría si digo que casi lloro, porque lloré. El golpe fue durísimo. Me acordé, otra vez, de esas primeras clases de agility en las que yo no creía que fuéramos a competir, y que solo estábamos ahí para divertirnos y ganar confianza para Lupe, que en ese entonces todavía era una perra asustadiza y tímida. Miro a ese momento y me di cuenta que Lupe no se tenía confianza, pero yo tampoco confiaba en ella, ni en lo que podíamos lograr. Y me dolió, me dolió en el alma considerar que ya no volveríamos a hacer agility nunca más.

Pero no, no fue así. Mi esposa me dijo que esperáramos, que continuáramos la recuperación, que consultáramos al ortopedista. La valoración, luego las radiografías nos mostraban que sí había problemas, pero que los hallazgos eran de difícil interpretación ante el hecho de que ignorábamos la edad real de Lupe. Iniciamos el tratamiento farmacológico más la rehabilitación y debo decir que la recuperación fue realmente buena.

Pero el tiempo se agotaba y comenzamos a incrementar el tiempo de entrenamiento para regresar al nivel previo. Y volvimos a competir también. Pero no nos alcanzó el tiempo para hacer toda la "pretemporada" y Lupe no alcanzó su forma, ni alcanzó la velocidad que había desarrollado antes.

Llegó el día. Nos subimos al carro y emprendemos el viaje. Pero no vamos todos. Se quedan Lucas y Diana, y esto ya es algo extraño para Lupe- además del viaje largo, en compañía de Mateo y Rocky, uno muy cercano, el otro, "compañerito de agility"; un viaje raro, en todo caso. después de arrancar sobre las 9 am, llegamos a una ciudad diferente en la tarde, con calor, cansados, sin un ambiente al habitual. Un día muy estresante para Lupe. Y para nosotros también.

Los siguientes días no fueron menos estresantes. Lupe no entendía que era ese correr por las mañanas, llegar al guacal, calentar en pavimento, volver al guacal y salir al mediodía a competir en  un ambiente extraño, volver al guacal, salir y caminar a ratos, volver al carro en la noche para ir al hotel y salir una última vez antes de dormir. Todo diferente, todo estresante, nada familiar...

Una competencia deportiva se juzga por los resultados, es verdad. Y cada vez lo hicimos más lento. Se corrieron 4 pistas, en tres nos fuimos MUY por encima del tiempo máximo, en la otra yo saqué un juguete para animarla a correr. Vuelvo a ver los videos y sí, siento tristeza porque sé que Lupe no muestra todo lo que ha logrado, todo lo que la ha llevado a estar en grado 2. Pero al verlos miro a Lupe, cansada, acalorada, y aún así, con tanto público aplaudiéndola, mirarme y seguirme, y batir la cola con gracia y alegría, y recordando que estaba en un clima adverso, en un ambiente extraño, con demasiados elementos estresantes, acabando de salir de una lesión en el hombre no puedo más que experimentar una profunda gratitud.

Sí, gratitud.

De nuevo Lupe es la perra complaciente que sin importar las circunstancias está allí acompañándonos, siguiéndonos, complaciéndonos. Por eso, pese a todo, tal vez la respuesta dulce es quizá la mejor, la más honesta, la correcta.

Porque Lupe es un gran perro, no sólo por su historia, y el público pudo verlo al participar y por eso:

- Lupe se llevó los aplausos y el cariño del público.

Esta es Lupe en el AyC, en sus pistas de agility.




viernes, 15 de enero de 2016

Petro

El pasado 1 de enero concluyó la administración Petro, la cual, sin embargo, mediante se dan todos los empalmes y demás tejemanejes del cambio de mandatario, se sentirá hasta febrero a marzo al menos. Muchos me corregirán y dirán que por fin se acabó. Como lo he comentado con varios seguidores de Petro, será el tiempo el que diga si realmente todo fue tan malo o bueno como a cada quién le pareció, y que será en enero entrante que tendremos una visión un tanto más desapasionada. Por ahora creo que Petro como alcalde dejó demasiado que desear, pero su administración no fue (tan) nefasta como nos lo quieren hacer ver. Tal vez, como Pastrana, pasado el tiempo diremos que fue un mal mandatario que dejó un buen gobierno.Por lo pronto me gustaría destacar cinco cosas que me parecieron buenas en estos 4 años que pasaron.

Demarcación de pasos peatonales

Es un dicho bogotano que si Peñalosa lo quiere arreglar todo con concreto, Petro todo lo puede con pintura. Los murales fueron algo positivo (y politizado, pero esa es su esencia) de su gobierno, pero no me centraré en ello. Es la señalización de cebras amplias, en conjunto con semaforización de pasos peatonales la obra que me parece de lo mejor del gobierno Petro.Es además, una de las obras de las que el IDU manifestó sentirse orgulloso. En esta administración (y de varias administraciones atrás, esto no es solo de Petro) como peatón me sentí ignorado en la obra y manoseado en el discurso. Los bicicarriles por ejemplo me parecen (y he visto) peligrosos a nivel de los pasos en las esquinas porque el ciclista no baja su marcha, más los andenes invadidos de vehículos (a causa del retiro de los bolardos) y de vendedores no me hacían sentir muy cómodo en un andén. Así que este trabajo me parece de aplaudir.

Los CAMAD y atención a maternas.

Los centros de atención médica a drogodependientes (CAMAD) que no los vi ni en campaña ni en el plan de gobierno son quizá uno de los más interesantes logros de este gobierno que terminó. Si bien, marcados por la alcaldía (que no por la Secretaría de Salud) por la polémica al sugerir que en realidad serían los Centros de Administración de Marihuana Al Drogadicto, mostraron unos resultados favorables, e irónicamente le dieron la razón al procurador en cuanto al uso de marihuana, dado que ni un gramo se administró para mejorar las condiciones de salud, o al menos, en la detección y tratamiento de las enfermedades en este grupo de la población que, empezando por ellos mismos en un buen número de casos, tiene una serie de barreras que dificultaba su atención.

Si bien pongo atención a maternas, son muchos de los indicadores de Salud Pública que mejoraron dentro de este gobierno, lo cual viene de varias administraciones atrás, aunque siento que se disminuyó el apoyo a la parte de IAAS y resistencia bacteriana que previamente había. Por eso elijo, sin demeritar los otros programas, uno que fue obsesión en estos 4 años. Agobiaron a las IPS con una serie de indicadores, y a veces, asignándoles tareas que son propias de las EPS, y sobre todo, de los mismos reguladores de salud pública (La secretaría y sus hospitales de primer nivel), pero a la vez desarrollaron una serie de protocolos y de cultura institucional que llevaron a ser más "agresivos" en el cuidado de las gestantes. Sí, en el camino hay cosas que son susceptibles de ser mejoradas, como la guía de sepsis en el embarazo que es de mala calidad metodológica y las recomendaciones sobre uso de antimicrobianos no son recomendables, pero los resultados le permiten sacar pecho y con justicia al alcalde.

Los CLANES y el grupo filarmónico

Si bien se abusa del discurso de que quien sujeta un instrumento no agarra un arma (y no sólo en Bogotá en los pasados 4 años, en todo el mundo), el trabajo desarrollado en los CLANES y muy especialmente, el desarrollo de la orquesta filarmónica juvenil es impactante y prometedor. En este sentido, el llamado a que Peñalosa continúe esta labor y les asigne infraestructura como un auditorio (¿qué tal en las Bibliotecas del Tunal o del Tintal, por ejemplo?) no sólo es válido, sino que de verdad es merecido y justo, y me uno a el.


La recuperación de la ETB.

La verdad, dude mucho más en poner este logro que el último que mucho más controversial, pero la ETB siempre ha sido una empresa que está en riesgo de venta. El trabajo de Kattan es comparable a l de Orduz y se consolida como una de las mejores gerencias que a ojos inexpertos, y desde afuera, ha tenido la entidad. El prestar servicio a los colegios distritales es uno de los principales activos sociales de la entidad, porque a diferencia de lo que dice la alcaldía, ese servicio no es gratuito (nada lo es) sino que lo asume la ETB, es decir la ciudadanía y los demás accionistas. Lo paradójico, Petro dijo en campaña que lo más valioso de la ETB era su red de cobre y que ese activo era importante mantenerlo y defenderlo, y Kattan ha remplazado esa red por una de fibra óptica, clave de su desarrollo.

SITP

Sé que la mayoría no concordará conmigo porque el SITP es un desastre en muchos sentidos. En estos días se publicó que en las cuentas del SITP (y me imagino que de paso las de TransMilenio) hay un hueco de un billón de pesos, que para que nos sigamos rasgando las vestiduras es la sexta parte de lo que se obtuvo por la venta de ISAGEN. Es decir, ¿si todo es tan malo, por qué lo considero de las cinco cosas para rescatar? Porque muchas de las dificultades son consecuencia del diseño perverso que negoció Samuel Moreno, y la administración saliente hizo varios esfuerzos para sacarlo adelante e implementarlo, tomando decisiones arriesgadas como los carriles preferenciales (que en realidad como usuario frecuente los consideró de poca utilidad), la incorporación de nuevas tecnologías como los buses híbridos (que inicialmente se pensó en totalmente eléctricos o a gas, pero afortunadamente se revisó a algo más eficaz) y finalmente "integrar" las tarjetas (quedando en evidencia que el problema nunca fue de Angelcom sino de recaudo Bogotá). Mal que bien una buena parte del sistema funciona pero hay muchísimo para sacarlo a flote. Sí, se dijeron mentiras como que el distrito no podía modificar contratos (si eso fuera cierto no habrían entrado los híbridos), pero con todo el reto que era implementar un sistema integrado (recordar el colapso de Santiago de Chile), y además, implementar uno con muy serios problemas de diseño, aún con un resultado que no es bueno, es de aplaudir.


De las cosas malas mucho hay por decir, mucho se ha dicho, y mucho se dirá. Pero antes de que podamos hacer un análisis serio sobre el peso que la alcaldía Petro tendrá en los hechos por venir, es bueno reconocer algunas de las cosas que a mi parecer hizo bien. Y que de ahora en adelante ya nada en Bogotá sea o no culpa de Petro, sino que el nuevo alcalde valore lo que encuentra y haga lo mejor para todos.

miércoles, 13 de enero de 2016

Blackstar

Llegó el momento de vestir la última máscara,
más de veinticinco van en la cuenta,
el propio rostro sin maquillajes fue un antifaz más.
La carátula celeste luce una estrella negra:
por primera vez la máscara va debajo de la piel.

13/1/2015