lunes, 16 de enero de 2017

El día de la marmota.

Dicen algunos que quien no conoce su historia está condenada a repetirla, como si la historia estuviera llena sólo de ignorantes, y las Kasandras que predicen la desgracia y la tragedia, condenadas a ver su profecía irremediablemente realizarse una y otra vez. Hemos completado un año desde que arrancó (¿arrancó?) el gobierno de Peñalosa y estamos en la misma tónica de hace 4 años: buscando la revocatoria del alcalde.

Que pretendo decir, ¿qué es un error? ¿qué es una persecución a Peñalosa? ¿qué los que perdieron dejen gobernar al que ganó? No. Hace 4 años subí varias entradas sobre la revocatoria a Petro (aquí, aquí y aquí también), y al revisarlas siento que hice lo que para mí era correcto al apoyar la revocatoria, y como en muy buena medida el estilo de gobierno del alcalde Petro, polarizador, llevando a la división de Bogotá en bandos irreconciliables (paréntesis: alguien con tino afirmó que el plebiscito no dividió a los colombianos sino que hizo evidente la división, tal vez pasó lo mismo con Petro), era una razón para buscar la finalización anticipada de su mandato. Y aún así, en una entrada a principios del año pasado se hizo un recuento de algunas de las cosas buenas que dejó la administración anterior.

Leyendo mis argumentos para revocar a Petro es imposible no encontrar un paralelismo ente los dos alcaldes: elegidos con la minoría más grande, con un imagen negativa importante (Peñalosa en eso es campeón), y un estilo de gobierno agresivo e insultante, amén de una serie de decisiones "controversiales" y otras llanamente estúpidas. Muchas de mis apreciaciones para revocar a Petro pueden usarse contra Peñalosa sin mayor dificultad. Y por eso mismo creo que esta revocatoria debe encontrar su camino y resolverse dentro de sus términos legales. Me parece que quienes apoyamos la revocatoria de Petro no estamos en las mejores condiciones de oponernos a quienes buscan la de Peñalosa sino dentro de lo que permite la ley: la abstención o votar que no, en el caso que se llegue a elecciones.

La polarización reinante en Bogotá augura que es poco probable que el alcalde que llegue no experimente un camino similar. No sé si Pardo o Clara López no enfrentarían procesos similares, pero si menos populares, aunque no se puede desconocer que el metro, convertido en centro de una disputa ideológica antes que técnica, de orgullo antes de que funcionalidad, de chicanería antes que de eficacia, juega muy en contra de los intereses de Peñalosa. Los rumores de que el metro subterráneo ya estaba listo, financiado y no era sino empezar a construir han ido calando y ganando una credibilidad pasmosa, así como que un metro subterráneo es más rápido y con mayor capacidad, cosa que no es necesariamente cierta. Y si el alcalde recurre al insulto y la descalificación antes que al debate serio, pues peor. Y en el caso de la Reserva van der Hammen sí que ha dejado que desear el alcalde, confirmando a muchos críticos que confunde ecología con paisajismo.

Una vez finalice este intento de revocatoria debe revisarse la figura. Cuando finalizando el gobierno Petro se generó la posibilidad de convocar a elecciones me dije que no tenía sentido alguno. Ya no era útil, sembraba más división, y era más el desgaste que lo que pudiera beneficiar a Bogotá. Creo que es posible que pase lo mismo en este nuevo intento, y más que varios saltan a buscar una oportunidad de reconocimiento antes que una ponderación juiciosa de la labor del alcalde, teniendo en cuenta que desde que se decidieron las elecciones comenzaron a organizar la revocatoria (y para ambos alcaldes, creería yo). De hecho, una tuitera lo resumió mucho mejor así:


Les deseo suerte, no con la revocatoria, sino a los bogotanos. En fin, sino cambian las cosas, estaremos en 4 años con la noticia de la revocatoria del sucesor de Peñalosa o de quien termine su periodo.