miércoles, 15 de junio de 2011

Eclipse


Eclipse.
 
Esta noche es mi noche, y hubiese podido ser
nuestra noche.
Un eclipse me roba la luna,
la distancia me roba tu cuerpo,
pero no sé quien me roba tu amor.
Esta es mi noche, y hubiera podido ser nuestra.
Te llamé por teléfono y estabas dormida,
y colgué prontamente para no distraerte
de aquellos cielos de ensueño a donde vas cuando duermes.
Esta es mi noche, y no fue nuestra aunque yo quise.
Si estuvieses despierta te diría que miraras la luna
y te acordaras de mí.
Esta es una noche bella, oscura y brillante,
pero no es nuestra noche.
Si estuvieses conmigo nos iluminaría la brillante luna,
luna que se va volviendo como un corazón rojo,
y que me inspira porque derrama amor;
pero tú no estás conmigo, y la luna está roja de sangre.
Ésta nunca será nuestra noche, pero no por eso deja de ser mía.
Tu sueño te aleja del mundo, pero te acerca a mí,
y tu rostro se dibuja en el eclipse de luna,
porque tú misma estás eclipsada, ausente…
Ésta noche, mi noche, hubiera podido ser nuestra noche
si hubiésemos querido,
pero tú no quisiste, y yo,
y yo me quede callado
y no te propuse que hiciésemos de esta noche
nuestra noche,
y de este eclipse un beso
entre tú, la ingrávida, lejana y celestial luna,
y yo, la pesada, triste, y masacrada tierra.
Esta noche ya no fue nuestra noche,
pero me queda el consuelo de que fuiste mía
en el eclipse de luna,
y por eso nadie podrá robarse ésta noche,
mi noche.

                                                           Emiro Marco.
                                                           26/IX/96

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