Eclipse.
Esta noche es mi noche, y hubiese podido ser
nuestra noche.
Un eclipse me roba la luna,
la distancia me roba tu cuerpo,
pero no sé quien me roba tu amor.
Esta es mi noche, y hubiera podido ser nuestra.
Te llamé por teléfono y estabas dormida,
y colgué prontamente para no distraerte
de aquellos cielos de ensueño a donde vas cuando duermes.
Esta es mi noche, y no fue nuestra aunque yo quise.
Si estuvieses despierta te diría que miraras la luna
y te acordaras de mí.
Esta es una noche bella, oscura y brillante,
pero no es nuestra noche.
Si estuvieses conmigo nos iluminaría la brillante luna,
luna que se va volviendo como un corazón rojo,
y que me inspira porque derrama amor;
pero tú no estás conmigo, y la luna está roja de sangre.
Ésta nunca será nuestra noche, pero no por eso deja de ser mía.
Tu sueño te aleja del mundo, pero te acerca a mí,
y tu rostro se dibuja en el eclipse de luna,
porque tú misma estás eclipsada, ausente…
Ésta noche, mi noche, hubiera podido ser nuestra noche
si hubiésemos querido,
pero tú no quisiste, y yo,
y yo me quede callado
y no te propuse que hiciésemos de esta noche
nuestra noche,
y de este eclipse un beso
entre tú, la ingrávida, lejana y celestial luna,
y yo, la pesada, triste, y masacrada tierra.
Esta noche ya no fue nuestra noche,
pero me queda el consuelo de que fuiste mía
en el eclipse de luna,
y por eso nadie podrá robarse ésta noche,
mi noche.
nuestra noche.
Un eclipse me roba la luna,
la distancia me roba tu cuerpo,
pero no sé quien me roba tu amor.
Esta es mi noche, y hubiera podido ser nuestra.
Te llamé por teléfono y estabas dormida,
y colgué prontamente para no distraerte
de aquellos cielos de ensueño a donde vas cuando duermes.
Esta es mi noche, y no fue nuestra aunque yo quise.
Si estuvieses despierta te diría que miraras la luna
y te acordaras de mí.
Esta es una noche bella, oscura y brillante,
pero no es nuestra noche.
Si estuvieses conmigo nos iluminaría la brillante luna,
luna que se va volviendo como un corazón rojo,
y que me inspira porque derrama amor;
pero tú no estás conmigo, y la luna está roja de sangre.
Ésta nunca será nuestra noche, pero no por eso deja de ser mía.
Tu sueño te aleja del mundo, pero te acerca a mí,
y tu rostro se dibuja en el eclipse de luna,
porque tú misma estás eclipsada, ausente…
Ésta noche, mi noche, hubiera podido ser nuestra noche
si hubiésemos querido,
pero tú no quisiste, y yo,
y yo me quede callado
y no te propuse que hiciésemos de esta noche
nuestra noche,
y de este eclipse un beso
entre tú, la ingrávida, lejana y celestial luna,
y yo, la pesada, triste, y masacrada tierra.
Esta noche ya no fue nuestra noche,
pero me queda el consuelo de que fuiste mía
en el eclipse de luna,
y por eso nadie podrá robarse ésta noche,
mi noche.
Emiro Marco.
26/IX/96
26/IX/96
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